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jueves, 30 de junio de 2011

Miguel Durán | consejero delegado del grupo Durán y presidente de PROEXPORT



Un cocinero con las manos en la tierra
Miguel Durán deja el tomate mientras afronta un ERE con 150 despidos
No le han faltado 'novias' políticas, pero cree que el dinero y lo público hacen un mal maridaje

Hay recuerdos que definen una vida. El que atesora Miguel Durán Granados (Mazarrón, 1946) está radicado en Varsovia. Allí le llevaron hace años sus obligaciones como empresario agrícola (es consejero delegado del Grupo Durán) y presidente de Proexport, la patronal de los productores de hortalizas. Durán encuentra un restaurante y pide. Al poco, el entonces presidente Aznar y su séquito ocupan mesa junto al empresario y su mujer. Años después, el empresario lo que recuerda más vivamente de la velada es el tartar de salmón y la dirección del establecimiento, al que ha vuelto varias veces.
Y es que para este empresario, la cocina es su retiro, el sitio donde desconecta. No en vano, huye de la etiqueta clásica del emprendedor y prefiere decir que tiene «alma de hostelero» y más en concreto, de cocinero. Entre los fogones de un pequeño tambalillo en la mazarronera playa de La Isla de comenzó a forjar una de las dos grandes patas del que ahora es el Grupo Durán. En 1968, el local que abrió su padre 25 años antes se convirtió en restaurante -Miramar- y junto a él nació uno de los primeros hoteles de una por entonces costa virginal.
Casi al mismo tiempo, el pequeño negocio de recovero que heredó de su abuelo empezó a crecer y a echar raíces. De vender tomates, Miguel pasó junto a su padre Andrés, a plantarlos en una pequeña parcela de apenas dos hectáreas en El Badén, frente al que hoy es el moderno almacén del grupo. Miguel, el cocinero, se convirtió en empresario amasando la tierra, elaborando artesanalmente cientos de tomateras y ampliando el negocio en Marruecos. Aseguran que aún hoy en día sería capaz de hacerlas como entonces.
El tomate, el producto que acabaría por definir -junto al turismo- esta localidad costera, es ahora un quebradero de cabeza para un hombre que cuenta los días que quedan para que el 8 de julio de 2011, la fecha en la que se quiere jubilar. Y es que la caída de la rentabilidad del cultivo le ha obligado a echar el cierre al centenar de hectáreas que mantenía en producción en Mazarrón, lo que a su vez ha provocado un expediente de regulación de empleo que afecta a 150 de sus empleados, que haciendo gala de la constancia de su todavía jefe, le organizan casi a diario protestas y manifestaciones.
Le duele que su apellido quede desligado del tomate, y mucho más pensar en 150 familias que se quedan sin salario, aunque sea de fijo discontinuo, pero eran ya muchos años subvencionando el cultivo con el beneficio de otros productos -como los cítricos- y como buen cocinero, sabe dónde hay que cortar.
La anécdota de Varsovia también dice mucho de su relación con los políticos. Durán no oculta su afiliación al PP pese a que su abuelo fue alcalde de Mazarrón por Izquierda Republicana, su hermano Juan fuera durante años diputado regional del PSOE y el propio Carlos Collado inaugurara sus almacenes. Pero también es de los que opina que los políticos y los empresarios hacen mal maridaje, pese a que él mismo tuvo que ir en la lista de consenso entre UCD y Alianza Popular para las primeras elecciones municipales. Pidió que le pusieran en un puesto muy bajo -el nueve-, pero pese a todo, al día siguiente se plantó en Cartagena para pedir que le borraran, sin éxito. Sin embargo, el huracán Mariano Yúfera ganó aquellos comicios, y Miguel no fue concejal. De hecho, y pese a su militancia, nadie lo ha visto jamás en un acto de partido o en la sede que ayuda a pagar con sus cuotas.
Y tanto como presidente de Proexport como miembro del consejo ejecutivo de la Cámara de Comercio de Cartagena no le han faltado novias. Máxime cuando el agua se convirtió en bandera partidista -«lo peor que le podía pasar», reconoce- y todos tomaban posiciones en sus trincheras. Sin embargo, y durante sus siete años de mandato en Proexport, el organismo lo que hizo fue profesionalizarse e internacionalizarse, ajeno al fuego cruzado del agua. A Durán le queda la espina, como hombre de palabra que es, de que el trasvase del Ebro descarrilara.
Casado con cinco hijos -él mismo proviene de una familia con seis hermanos-, Miguel ha disfrutado más de sus cinco nietos -dos más en camino- que de sus hijos, el mayor de los cuáles, Andrés, va camino de los 40 años. El trabajo ha marcado su vida, dejándole poco margen para el ocio y la conciliación familiar. De hecho, sólo desde hace siete años se permite una pequeña licencia de una semana para escaparse con Loli, su mujer, de viaje, buscando huir del calor.
Amante de los Beatles y la canción española y devorador de cuatro periódicos al día, Miguel Durán también es un hombre apegado a una familia que supera el medio centenar de miembros, que le sirve de apoyo y de inagotable cantera de talento para sus empresas, entre las que no falta una promotora inmobiliaria, pese a que reconoce que no ha puesto un ladrillo fuera de Mazarrón y está a salvo de la crisis del sector. Para acabar de dibujar su atípico perfil de empresario, reconoce que nunca ha tenido coche propio -siempre de empresa-, no juega al golf y no tiene barco, pese a vivir frente al mar, en Isla Plana. Trabajo, familia y seriedad -entendida ésta última como formalidad en la palabra- forman su trinidad, esa 'cocina' donde se siente cómodo y feliz despachando su celebérrimo lenguado al jamón entre sus amigos. Que aproveche.

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